La Tribu Mountain volvió a encontrarse en uno de esos lugares que nunca fallan: los senderos históricos que rodean Monachil, donde cada paso tiene memoria y cada curva abre una panorámica distinta de la Vega y Sierra Nevada.
La ruta transcurrió por la Cañada Real de los Neveros, ese antiguo corredor por el que durante siglos bajaba el hielo desde las montañas. La luz del atardecer nos acompañó desde el primer tramo, tiñendo de cobre los perfiles del valle y regalando una calma que solo se encuentra en estas horas del día.
Después enlazamos con el paseo de Huétor Vega, un balcón natural que siempre sorprende, incluso a quienes ya lo conocen. Allí el grupo caminó entre risas, fotos y ese silencio bonito que aparece cuando la montaña empieza a enfriar el aire.
La ruta continuó por los senderos tradicionales que unían los pueblos vecinos: caminos por los que antiguamente la gente iba a las fiestas, a los mercados o a visitar a la familia. Caminar por ellos al atardecer es casi como viajar en el tiempo: acequias que siguen vivas, tramos de vega que huelen a agua fresca y un paisaje que conserva intacta su esencia rural.
La luz cayó despacio, y con ella llegó ese momento que tanto nos gusta: el de parar, respirar y sentir que la montaña nos ha regalado otra tarde preciosa.
Tapas, risas y despedida de temporada, porque la Tribu también se celebra.Terminamos la ruta como se merece: tapitas y cervezas por Monachil.
El retorno de Carlota nos sorprendió muy gratamente, junto a Bibiana y Lucas nos acompañaron en esta tarde; siempre es agradable ver adolescentes en nuestras rutas, todo un regalo ver como desconectan , aunque sólo sea por unas horas, de las dichosas pantallas y se abren a relacionarse e interactuar con los demás
Fue una despedida sencilla y bonita, muy de Tribu: buena compañía, un pueblo acogedor y la sensación de haber cerrado la temporada con un atardecer perfecto
Datos de la actividad