Un día frío, ventoso... y absolutamente memorable.
Tocó una ruta de esas que quedan grabadas no solo por el paisaje, sino por la energía del grupo. Desde primera hora, el aire frío nos recibió en la Silleta de Padul, recordándonos que la montaña siempre marca su propio ritmo. El viento soplaba con fuerza, obligándonos a abrigarnos bien y a avanzar con paso firme, pero también nos regaló una visibilidad espectacular: el Valle de Lecrín extendiéndose como un mapa vivo y Sierra Nevada recortada con una nitidez casi invernal.
La subida tuvo ese punto de desafío que hace que cada mirador se saboree más. Entre ráfagas de viento, bromas y alguna capucha rebelde, alcanzamos Piedra Ventana, uno de esos lugares que parecen diseñados para recordarnos por qué amamos caminar. Una vez allí, el grupo se tomó su tiempo para hacerse fotos y compartir el momento.
El regreso fue más relajado, después de una parada para comer en Ermita Vieja, con la sensación de haber vivido un día intenso y bonito.
Y como toda buena ruta merece un cierre de altura, terminamos en la cafetería de un hotel con ambiente montañero, calentando las manos con cafés humeantes y comentando los mejores momentos del día. Risas, anécdotas y ese ambiente de "misión cumplida" que solo se consigue después de una buena caminata.
Un día completo: frío, viento, paisajes de postal y un grupo que lo hizo todo más fácil y divertido.
De esos que te recuerdan que la montaña, incluso en los momentos de dureza, siempre compensa.
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