Dos días, 40 kilómetros y un grupo con más energía que el propio sol del Cabo de Gata, en un día de sol...
Así ha sido nuestro fin de semana de senderismo: un auténtico regalo.
Llegamos preparados para mojarnos hasta las pestañas, porque la previsión era de lluvia durante todo el fin de semana, y bastante, como si no hubiera un mañana, pero al final, "cuatro gotas" que le dieron a la ruta un toque de aventura. Está claro que cuando el grupo tiene buena vibra, hasta las nubes se lo piensan dos veces antes de fastidiar el plan.
Entre risas, pasos, historias compartidas y paisajes que parecían pintados, hemos disfrutado de un finde de escándalo.
Veinte kilómetros al día que se han hecho ligeros, casi volando, porque cuando la compañía es buena, el camino se vuelve amable.
Volvemos cansados, si, pero con esa mezcla de satisfacción, naturaleza y complicidad que solo se consigue cuando un grupo encaja tan bien. Y con la sensación de que, si hubiéramos pedido un sol radiante, también nos lo habría concedido el cielo.
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