Nos reunimos delante de la iglesia de Santa Fe, en la plaza, todos puntuales, como siempre; con esa mezcla de expectación, mochilas cargadas para pasar el día y la promesa de "es solo una ruta suave", aunque hoy era verdad...
Durante los primeros kilómetros anduvimos por calles y casas aisladas a las afueras del pueblo, hasta que el camino se llenó de pinos
Mantuvimos un ritmo cómodo, disfrutando del entorno, charlando, compartiendo anécdotas y dejando que la dehesa hiciera su magia
El momento estrella llegó al alcanzar los baños termales, donde el vapor se mezclaba con la emoción colectiva
La mayoría entraron poco a poco, con ese respeto que se le tiene a algo que no conoces; minutos más tarde ya hubo quien decía que había nacido para ese tipo de cosas.
Entre chapoteos, relajación y bromas sobre no querer salir nunca de ahí, encontramos el punto máximo de bienestar.
La vuelta transcurrió con un paso más relajado; de ello fue culpable el agua caliente que nos dejó en modo "zen", pero contentos de haber compartido algo especial.
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