Salimos desde casa llegando a pensar que podrían cerrar el puerto por lluvias, es más, llegando a Tarifa nos cayó "la del pulpo"...
Pero afortunadamente dejó de llover, a pesar de las previsiones de lluvia durante todo el puente. Apenas nos llovió un poco al llegar a Tánger, los demás días la lluvia nos respetó. Una vez más el cielo nos regaló un tiempo fantástico.
Nos reunimos todos en Tarifa para coger el ferry que nos llevaría hasta Tánger, y una vez reunidos, cogimos el barco, todo correcto, incluso mejor que otro fin de semana normal, sin apenas colas, aglomeraciones, algo muy raro en Marruecos.
Una vez allí, fuimos directos al hostal, que estaba en la Medina, menos mal que una amiga nos grabó la ruta porque estaba bastante "enrevesado". En el hostal nos llevamos una sorpresa, pues no era como nos esperábamos. Habitaciones con humedad, sin sábanas, y bastante cutres, eso sí, baratas. Teníamos que compensar el precio del ferry, que nos parece excesivo en comparación a otros ferrys de Europa.
Menos mal que los compañeros que venían se adaptaron a "lo que había"; al fin y al cabo, sólo eran dos noches y se podían pasar. Los colchones eran buenos y teníamos ducha caliente y mantas.
Esa misma tarde ya dimos una vuelta por la Medina y cenamos en un restaurante típico con comida del país: tallín, pastela, cuscús, harira. Todo muy bueno.
Al día siguiente tocaba llegar a lo más alto del Jebel Musa, nuestro objetivo principal del viaje.
Un monte no demasiado grande, pero con unas características que lo hacen especial, y durillo, pues en poca distancia se ascienden casi 800 metros de desnivel.
Cuando nos pusimos en marcha, las más peques (adolescentes) ya empezaban a quejarse...Y a regañadientes consiguieron llegar hasta el collado, donde se esperaron a que el grueso del grupo coronáramos la cumbre y volviéramos a por ellas.
Esa tarde aprovechamos que teníamos un bus para nosotros, así que nos acercamos a ver el pueblo de Asilah, y aunque llegamos de noche, pudimos disfrutar del encanto de este pueblo pesquero.
Ya en Tangér para la hora de la cena, decidimos cenar en un restaurante precioso en el que nos fijamos el día anterior, "La Muralla". Un poco "pijillo", pero la verdad es que nos apetecía mucho estar en un ambiente acogedor, sin prisas, sin ruidos, limpio, donde poder charlar, beber vino y estar relajados.
El domingo tuvimos que coger el ferry de las 11, pues los demás estaban llenos, y nos vino muy bien, mejor de lo esperado, ya que hoy empezaba el Ramadán y Marruecos durante estos días, no es lo mismo, así que nos fuimos para Tarifa a comer pescadito y disfrutar del grupo al final del viaje.
Otra experiencia más en nuestro país vecino, donde cada vez que viajamos es una "aventura", no todo sale como estaba previsto, pero es la esencia de Marruecos. Y aunque no sean los más ordenados, limpios, ni puntuales, algo tiene este país que nos atrapa y nos pide volver.
Así que pronto nos inventaremos un viaje para volver a Marruecos
Gracias a todos los que habéis venido, ha sido una suerte teneros y ojalá la vida nos dé muchas oportunidades de repetir aventuras juntos; sé que será así.
¡¡Nos vemos en la montaña!!
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