Llegamos con tiempo a la parada del trenecillo que nos llevaría a las cuevas, así que decidimos tomar algo en la terraza del bar de la plaza, que se estaba muy a gusto.
Llegó la hora de subir al tren con el que atravesamos el pueblo y después entre bancales de olivos llegamos hasta la puerta de la cueva, donde nos esperaba Raquel, nuestra guía.
Después de la visita volvimos al pueblo entre canciones de los peques, y desde allí emprendimos la segunda actividad del día que nos llevaría hasta el castillo de Piñar.
Desgraciadamente sólo quedan ruinas, unas torres a medio alzar y un par de aljibes, pero suficiente para hacernos la idea de lo aquello fue, un gran recinto fortificado a más de 1000 metros de altitud de la época nazarí. Su último alcalde fue el musulmán Sidi Mandri, quien abandonó la fortaleza en 1484 y se dirigió el reino de Fez para fundar la ciudad de Tetuán, razón por la que las dos poblaciones están hermanadas.
Decidimos comer allí arriba y disfrutar del paisaje para más tarde volver al pueblo , a la plaza, para comentar el día en el "tercer tiempo" como es costumbre.
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