El Higuerón, en Frigiliana, es un río juguetón: pozas, cañones estrechos, tramos de agua hasta los tobillos y paredes de roca que parecen abrazarnos.
Desde el primer momento quedó claro que este grupo tenía un encanto y una magia especial. Los más pequeños avanzaban con esa inocencia valiente que hace que cada poza sea un descubrimiento. Los más mayores, con la experiencia tranquila de quien ya ha visto muchos caminos.
Y en medio, toda La Tribu, compartiendo un sendero que se disfruta mucho mejor en compañía.
Un primer tramo de caminar entre piedras por el cauce del río, que poco a poco nos iba acercando hacia la parte más atractiva de la ruta, que se iba estrechando.
El momento estrella fue cuando llegamos a la zona de los cahorros: paredes de roca que se cierran, luz filtrada desde arriba y ese silencio fresco propio de los cañones mediterráneos.
Allí no había edades, solo éramos un grupo, avanzando entre agua y piedra, celebrando cada paso.
Después de la ruta, tocaba el ritual que convierte una actividad en un día completo: el tercer tiempo.
En el bar del pueblo, con Frigiliana al atardecer, llegaron las cervezas y los refrescos fríos, y las anécdotas.
En definitiva, una ruta divertida y llena de vida. Un grupo que demuestra que la montaña y el agua no entienden de edades, que con La Tribu, además de caminar, se convive, comparte y celebra.
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