La Tribu abrió la temporada el viernes pasado con una ruta que tuvo todo lo que nos gusta: naturaleza, buen ambiente y ese toque de aventura que aparece cuando la luz se va y los frontales toman el relevo.
Comenzamos la tarde en Los Cahorros de Monachil, un clásico que nunca falla para reencontrarnos después del verano.
El grupo llegó numeroso y variado, con muchos niños y adolescentes que llenaron el sendero de energía: comentarios curiosos, pequeñas carreras, bromas y esa chispa que convierte la aventura en una experiencia más viva.
Caminamos entre paredes estrechas, sorteando pasos y disfrutando del frescor del río y la luz dorada que se iba apagando poco a poco.
En el tramo final, la tarde cedió por completo y encendimos los frontales, formando una hilera de puntos de luz avanzando en silencio.
Ese momento siempre tiene algo de especial: la montaña oscura, el rumor del agua y nosotros caminando.
La jornada terminó en el pueblo, con unas cuantas rondas de cervezas y refrescos para los más peques en la terraza del bar, frente al río Monachil, con conversaciones cruzadas y la agradable sensación compartida de que la temporada empieza con buen pie.
Una ruta sencilla, alegre y con ese toque mágico de acabar de noche. Justo lo que necesitábamos para volver a caminar juntos.
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